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INNOVACIÓN Y TECNOLOGÍA

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Cómo la automatización, la robótica y la impresión 3D están reordenando la lógica productiva de la construcción.

La automatización robótica está comenzando a redefinir la productividad en la industria de la construcción. Lo que durante décadas fue un sector dominado por procesos manuales evoluciona hacia un modelo productivo donde robots, sensores inteligentes y sistemas digitales participan cada vez más en la ejecución de obras y en la fabricación de componentes constructivos.

La industria de la construcción atraviesa un momento decisivo. Durante décadas ha operado con dinámicas productivas distintas a las de los sectores más industrializados, pero hoy esa realidad abre una oportunidad concreta para mejorar eficiencia, calidad y seguridad mediante nuevas tecnologías. Un análisis del McKinsey Global Institute señala que la combinación de digitalización, industrialización y automatización avanzada podría elevar la productividad del sector entre un 50 % y un 60 %. Al mismo tiempo, la presión sobre el talento especializado se ha intensificado: la encuesta nacional 2023 de la Associated General Contractors of America mostró que el 85 % de las empresas tenía vacantes abiertas, una señal clara de que la tecnología empieza a ser no solo una ventaja competitiva, sino una necesidad operativa.

En este escenario, la robótica aplicada a la construcción no responde a una sola tipología de máquina. Hoy configura un ecosistema que interviene en distintas fases de la cadena de valor: fabricación off-site, inspección, transporte interno, colocación de materiales, soldadura, demolición, topografía y monitoreo.

 

 

La literatura técnica presentada en ISARC 2024 confirma precisamente esa expansión funcional, con aplicaciones que ya abarcan albañilería, perforación, pavimentación, movimiento de tierras e inspección de activos.

En la práctica, la robótica se ha desplegado en tres grandes frentes. El primero es el de los sistemas fijos o estacionarios, cuyo mayor potencial se encuentra en la prefabricación, la producción modular y las líneas industrializadas. En estos entornos, la lógica no consiste en llevar la máquina al desorden de la obra tradicional, sino en trasladar la construcción hacia un ambiente más cercano a la manufactura. Skanska ha documentado el uso de robots para doblado y soldadura de acero de refuerzo en procesos prefabricados, con el objetivo de reducir desperdicio, mejorar consistencia y elevar el control dimensional. Esa experiencia coincide con la visión del National Renewable Energy Laboratory, que identifica la industrialización, el diseño para manufactura y ensamblaje y la integración robotizada de sistemas como pilares de una construcción más productiva, resiliente y menos costosa.

El segundo frente es el de los robots móviles, donde el mercado ya empieza a mostrar resultados medibles. El caso más visible es Spot, de Boston Dynamics. En proyectos documentados junto a FieldAI, sus despliegues permitieron reducir en más de 90 % el tiempo destinado a inspección y documentación frente a procesos manuales, además de detectar incidencias antes de que se tradujeran en sobrecostos. Dentro de esta misma categoría, los drones han adquirido un papel central. No construyen en sentido estructural, pero sí han transformado la manera de levantar información, supervisar avance y documentar el estado real de la obra.

El tercer frente es el de los robots colaborativos y teleoperados, concebidos para trabajar junto al personal humano o bajo supervisión remota. Aquí el objetivo no es reemplazar al operario, sino retirarlo de labores especialmente duras, riesgosas o repetitivas. Uno de los casos más conocidos es SAM, el sistema semiautomatizado de mampostería de Construction Robotics, que según la propia empresa alcanzó 3.270 ladrillos colocados en ocho horas durante un proyecto en Shenandoah University. A esta lógica se suma TyBOT, desarrollado por Advanced Construction Robotics para automatizar el atado de barras de acero en tableros de puentes, y Hadrian X, de la australiana FBR, que demuestra hasta qué punto un brazo robótico guiado por modelos digitales puede ejecutar muros estructurales con bloques y precisión milimétrica.

 

De la máquina al sistema

Uno de los frentes con mayor proyección es el de los vehículos autónomos y semiautónomos. Honda ha desarrollado su Autonomous Work Vehicle como una plataforma eléctrica equipada con GPS, radar, lidar y cámaras 3D para el transporte de materiales y suministros, mientras que Robins & Morton la llevó a pruebas reales en el proyecto hospitalario CaroMont Regional Medical Center Belmont para estudiar cómo aliviar cuellos de botella logísticos en obra.

En operaciones de gran escala, la autonomía ya ha alcanzado un nivel superior: Komatsu anunció el despliegue de su FrontRunner Autonomous Haulage System en Los Bronces, Chile, con 62 camiones 930E operando bajo lógica automatizada. Aunque el caso pertenece al ámbito minero, resulta altamente pertinente para la construcción y la infraestructura pesada porque anticipa hasta dónde puede llegar la seguridad.

En paralelo, la impresión 3D está empujando a la construcción hacia una lógica de manufactura digital más profunda. NIST define la fabricación aditiva como un proceso que produce objetos tridimensionales a partir de modelos digitales, construyéndolos capa por capa. En construcción, esto se traduce en sistemas que depositan materiales cementicios y otras mezclas formuladas para levantar componentes o estructuras con mayor control geométrico y menos desperdicio. La tecnología todavía no sustituye a la construcción convencional, pero ya dejó de ser una simple curiosidad. El Foro Económico Mundial ha destacado su potencial para reducir residuos, mientras que NIST subraya que uno de los grandes desafíos sigue siendo la falta de estándares abiertos y comparables para materiales, procesos y control de calidad.

La carrera global ya comenzó. Dubái mantiene como meta que el 25 % de sus edificios incorpore tecnología de impresión 3D hacia 2030, dentro de una estrategia oficial de posicionamiento tecnológico. En Estados Unidos, Reuters reportó en 2024 que Wolf Ranch, en Georgetown, Texas, se consolidaba como el mayor barrio de viviendas impresas en 3D del mundo, con 100 casas desarrolladas por ICON y Lennar. Lo importante de estos casos no es solo su escala mediática, sino que muestran el paso decisivo del prototipo al modelo repetible y comercializable.

La siguiente frontera ya no depende únicamente de mejores robots, sino de su integración con BIM, simulación, sensores inteligentes e Internet de las Cosas (IoT) que describe la red de objetos físicos que llevan incorporados sensores, software y otras tecnologías con el fin de conectarse e intercambiar datos con otros dispositivos y sistemas a través de Internet.

NREL trabaja precisamente en esa convergencia: entornos inmersivos, integración robotizada de sistemas constructivos y modelos digitales orientados a coordinar desde estructura hasta instalaciones y desempeño energético en fases tempranas. Ese es el cambio de fondo. La automatización no debe leerse como una simple actualización de maquinaria, sino como la expresión más visible de una transición mayor: la de una industria que empieza a reorganizarse bajo una lógica común de datos, procesos y producción.

 

República Dominicana:

avances iniciales y oportunidades para la automatización constructiva

Aunque la robótica aplicada a la edificación se encuentra en una fase incipiente en el mercado dominicano, los indicadores macroeconómicos y la presión sobre la cadena de suministro señalan una transición inevitable hacia un modelo de precisión tecnológica.


La construcción en la República Dominicana ha consolidado su posición como un pilar sistémico de la economía nacional. Datos del Banco Central (BCRD) confirman que el sector mantiene una participación promedio cercana al 15% del Producto Interno Bruto (PIB), reafirmándose como uno de los principales dinamizadores de la inversión. No obstante, este crecimiento sostenido enfrenta hoy desafíos estructurales críticos: una alta variabilidad en los tiempos de entrega, volatilidad en los costos de insumos y una brecha creciente en la disponibilidad de mano de obra técnica cualificada. Estos factores, lejos de ser simples obstáculos, están creando el escenario idóneo para el despliegue de tecnologías de optimización que garanticen la rentabilidad a largo plazo.

Esta tecnificación requiere, por definición, una contraparte institucional ágil que valide los procesos de innovación. En este ámbito, el Ministerio de Vivienda y Edificaciones (MIVED) ha iniciado una transformación profunda hacia la gobernanza digital. La implementación de plataformas para la gestión automatizada de licencias y la supervisión digital de proyectos trasciende lo administrativo; se trata de un habilitador estratégico que, al reducir la discrecionalidad y agilizar los flujos de aprobación, establece el estándar de eficiencia necesario para que el sector privado adopte procesos de ejecución avanzados.

 

 

La transición hacia la automatización demanda, paralelamente, un nuevo perfil de competencias profesionales. Instituciones como el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y el Instituto Tecnológico de las Américas (ITLA) han fortalecido su oferta académica en áreas de vanguardia como el Modelado de Información de Construcción (BIM), la mecatrónica y la gestión de proyectos basada en analítica de datos

Esta alineación estratégica entre la academia y las necesidades de la industria asegura una transformación gradual del capital humano, preparando a una nueva generación de ingenieros para gestionar obras donde la simulación digital precede a la acción física.

En la práctica operativa, la adopción tecnológica en el país se concentra hoy en herramientas de alto retorno de inversión inmediato. La fotogrametría mediante drones para levantamientos topográficos y el monitoreo de avance se ha estandarizado en proyectos de gran escala, optimizando los tiempos de inspección de forma radical. Al mismo tiempo, la metodología BIM ha dejado de ser una ventaja competitiva para convertirse en un estándar de cumplimiento, permitiendo la detección temprana de colisiones y la optimización de recursos antes de iniciar la fase de campo.

A pesar de que la robótica autónoma en sitio enfrenta barreras de costo y escala, la trayectoria hacia 2030 es clara. La automatización no sustituirá el modelo actual de forma abrupta, sino que se integrará como una capa progresiva de inteligencia operativa. Esta transformación iniciará en los entornos controlados de la prefabricación y la logística, donde la predictibilidad es mayor, para luego expandirse hacia la obra abierta. En definitiva, la competitividad de la construcción dominicana dependerá de su capacidad para transformar una industria de esfuerzo intensivo en un sistema de manufactura de alta precisión.

 

 

 

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