INDUSTRIALIZAR PARA COMPETIR | EL PARADIGMA QUE REDEFINE LA CONSTRUCCIÓN DOMINICANA
INDUSTRIALIZAR PARA COMPETIR | EL PARADIGMA QUE REDEFINE LA CONSTRUCCIÓN DOMINICANA
La nueva construcción ya no se organiza únicamente en la obra: comienza en la planificación digital, continúa en la fabricación industrial de componentes y culmina en el ensamblaje preciso en sitio. Ese cambio redefine productividad, control y velocidad en el sector.
La industrialización comienza a redefinir la manera de construir en el Caribe. Prefabricación, modularidad y planificación digital emergen como herramientas clave para responder a la creciente demanda de proyectos turísticos, reducir tiempos de ejecución y elevar la productividad de un sector que enfrenta escasez de mano de obra y mayores exigencias de eficiencia.
Si hay un eje en el que el ingeniero Hugo Pérez Ovalles, fundador y CEO de Grupo Therrestra, fija con mayor claridad su visión de futuro para la construcción dominicana, es la industrialización. A su parecer, no se trata de una moda ni de una conversación lateral, sino de una respuesta estratégica a un momento decisivo para el sector. El país mantiene un fuerte dinamismo en proyectos turísticos, residenciales e infraestructurales, mientras la disponibilidad de mano de obra calificada se vuelve cada vez más limitada. Esa tensión entre demanda creciente y capacidad operativa obliga, a su juicio, a modificar el modelo tradicional.
“La industrialización no es un concepto nuevo; en las economías más avanzadas, donde hay escasez de mano de obra, es el estándar de eficiencia. No busca desplazar al sistema tradicional, sino potenciarlo. En nuestro país tenemos muchas construcciones y escasez de mano de obra, por eso es importante la industrialización”, afirma.
Su planteamiento adquiere especial peso al observar la trayectoria de la empresa que dirige, Grupo Therrestra, una firma capaz de responder con agilidad, calidad y criterio técnico a la creciente demanda de proyectos turísticos en el país.

Ovalles entiende que la construcción se debe trabajar sobre tres pilares: talento, capacidad de adaptación y confianza. Uno de los primeros grandes aciertos estratégicos de la compañía fue su especialización temprana en el sector hotelero, antes que muchos actores del mercado. Identificó el potencial de expansión del turismo en el Caribe y comprendió que ese crecimiento requeriría constructoras capaces de operar con mayores niveles de planificación, velocidad de respuesta, coordinación técnica y control de calidad. Esa lectura permitió a Therrestra construir una ventaja competitiva diferenciada en uno de los segmentos más exigentes de la industria.
Uno de los retos que asumió la empresa fue la internacionalización, la cual llegó en 2006 con la entrada al mercado de Jamaica, una decisión que marcó un punto de inflexión en su evolución. Más que una expansión territorial, supuso un proceso de maduración organizacional. “Operar fuera del país nos exigió robustecer procesos, estandarizar operaciones y escalar nuestros niveles de control y planificación a estándares globales”, explica. Con el tiempo, esa experiencia se tradujo en una estructura más sólida y competitiva, capaz de operar en mercados exigentes con una propuesta basada en cumplimiento, rigor técnico y gestión empresarial.


Es precisamente desde esa experiencia acumulada en construcción hotelera donde su defensa de la industrialización adquiere mayor profundidad. Para Pérez Ovalles, metodologías como la prefabricación, la modularidad y el enfoque Design for Manufacture and Assembly (DfMA) ya no deben verse como recursos complementarios, sino como herramientas concretas para enfrentar los principales desafíos de la industria: mejorar productividad, acortar cronogramas, reducir incertidumbre y elevar la calidad final de los proyectos.
En su visión, el sector hotelero constituye uno de los terrenos más fértiles para esta transformación. La razón es sencilla: se trata de una tipología donde la repetición de unidades, la precisión en la ejecución y la presión por tiempos de entrega convierten la estandarización en una ventaja operativa y financiera. “La industrialización aplicada al desarrollo hotelero permite acelerar la ejecución de proyectos sin sacrificar diseño arquitectónico, personalización de espacios ni calidad en la experiencia del huésped. Más que un simple cambio en el método constructivo, supone una nueva lógica de producción adaptada a las exigencias de una industria turística global cada vez más competitiva, donde la velocidad de entrega, la sostenibilidad y la eficiencia operativa se han convertido en variables decisivas”, plantea.
Bajo este modelo, una parte significativa de los procesos deja de depender exclusivamente de la obra abierta y se traslada a entornos controlados, donde los componentes se fabrican con mayor precisión antes de su ensamblaje en sitio.
El resultado es una ejecución más ordenada, cronogramas más confiables y una calidad más consistente en áreas críticas del producto hotelero, como baños prefabricados, suites modulares y determinados elementos de las zonas comunes.

Las ventajas para promotores y operadores son especialmente relevantes. La reducción de los tiempos de construcción permite anticipar la apertura de los establecimientos y acelerar la recuperación de la inversión. A la vez, la producción industrial de componentes mejora el control presupuestario del proyecto, disminuyendo la exposición a desviaciones derivadas de retrasos, reprocesos o ineficiencias en obra. En un mercado donde el tiempo de entrega incide directamente sobre la rentabilidad, esa previsibilidad deja de ser una mejora técnica para convertirse en una ventaja estratégica.
A ello se suma una mejora sensible en la calidad percibida del producto final. “Los sistemas industrializados favorecen la repetibilidad y la precisión en los acabados, lo que se traduce en espacios con mayor uniformidad estética y estándares técnicos más rigurosos. Además, los procesos constructivos tienden a ser más limpios y ordenados, con menor generación de desperdicios y menor impacto sobre el entorno inmediato, un aspecto especialmente valioso en destinos donde el paisaje y la calidad ambiental forman parte esencial del atractivo turístico”, sostiene el ingeniero.
La sostenibilidad ocupa, de hecho, un lugar central en esta visión. El huésped contemporáneo valora la responsabilidad ambiental del destino y de la infraestructura que lo recibe. En este contexto, la industrialización aporta ventajas adicionales al permitir un control más estricto sobre materiales, consumos y desempeño del edificio. “La industrialización facilita un control más riguroso sobre el uso de materiales, optimiza el consumo de recursos y contribuye a mejorar el desempeño energético de las edificaciones, favoreciendo incluso la obtención de certificaciones ambientales internacionales”.
Para Pérez Ovalles, sin embargo, esta evolución no puede entenderse únicamente desde la óptica del sistema constructivo. Industrializar también exige una nueva cultura de gestión. Implica mayor trazabilidad de procesos, monitoreo permanente de costos, medición rigurosa de la productividad y una coordinación más sofisticada entre diseño, producción y ejecución. “La competitividad del sector en el nuevo ciclo dependerá de la capacidad de orquestar la innovación tecnológica, la sostenibilidad y una gestión empresarial de profundo rigor profesional”, sostiene.


Su reflexión apunta, en el fondo, a un cambio más amplio en la manera de concebir la construcción. La obra deja de organizarse exclusivamente como una secuencia de actividades artesanales y comienza a operar bajo criterios de producción, control y estandarización. En esa transición, la tecnología no solo interviene en la fabricación de componentes; también se vuelve decisiva para supervisar costos, medir desempeño y sostener decisiones con mayor información y previsibilidad.
La industrialización no solo introduce eficiencia en la construcción hotelera; redefine la manera en que el sector puede competir en un entorno de mayor exigencia técnica, financiera y ambiental. Para una industria turística que disputa inversión y posicionamiento en un mercado global cada vez más sofisticado, esta transformación representa una ventaja estratégica porque permite desarrollar infraestructuras más modernas, responsables y mejor alineadas con las expectativas del viajero del futuro. Desde la experiencia de Grupo Therrestra, esa transición ya no pertenece al terreno de la teoría, más bien es la dirección inevitable de una construcción que busca responder con mayor rigor, velocidad y capacidad de escala al próximo ciclo de crecimiento del Caribe.

Principios innegociables
Ovalles insiste en que la permanencia en el tiempo se construye sobre principios. Para él, la reputación de una empresa del sector construcción no se decreta: se gana proyecto a proyecto, con ética, consistencia y cumplimiento.
“El éxito sostenible en el sector construcción se fundamenta en la ética empresarial, cumplimiento contractual, disciplina financiera, respeto por el capital del cliente, compromiso con nuestros colaboradores y responsabilidad social y ambiental”, afirma.
Esa visión se refleja en la forma en que Therrestra concibe su relación con el talento humano. La empresa ha apostado por un modelo de gestión donde la delegación se entiende como una expresión de confianza y donde el desarrollo del equipo es parte esencial de la estrategia.
La incorporación de talento local en los países donde opera también ha sido una decisión relevante para fortalecer la ejecución y la integración con cada mercado.
Del mismo modo, la sostenibilidad ocupa un lugar estructural en la filosofía de la compañía. No solo desde la perspectiva ambiental o de eficiencia constructiva, sino también desde el compromiso con la formación del relevo profesional y el desarrollo social.
El ingeniero Hugo Pérez Ovalles sostiene que la industrialización de la construcción ya no es una aspiración futura, sino una necesidad estratégica para la República Dominicana. El crecimiento simultáneo de proyectos turísticos, residenciales e infraestructurales ha comenzado a evidenciar un desafío estructural: la demanda de obras avanza con mayor rapidez que la disponibilidad de mano de obra calificada.
Ante ese escenario, su planteamiento es claro: el próximo gran salto del sector dependerá de la modernización de sus procesos constructivos. Prefabricación, modularidad, planificación avanzada e integración tecnológica forman parte de una transformación que permitirá mejorar la productividad, optimizar tiempos y elevar los estándares de calidad. Para Pérez Ovalles, la experiencia internacional confirma que este camino no es opcional.
“En los países donde la construcción ha alcanzado mayores niveles de eficiencia, la industrialización se ha convertido en el estándar operativo.
En República Dominicana tenemos un gran volumen de obras y una mano de obra cada vez más limitada; por eso avanzar hacia modelos más industrializados es clave para sostener el crecimiento del sector.
En esa visión de futuro, el empresario resume su apuesta para la industria: convertir la industrialización en el próximo gran motor de productividad de la construcción dominicana.
Con una presencia consolidada en los mercados más exigentes de la región, Grupo Therrestra ha trascendido la edificación de estructuras para convertirse en un referente de ingeniería estratégica. Bajo el liderazgo de Hugo Pérez Ovalles, la firma proyecta la ingeniería dominicana como una marca de autoridad, eficiencia y visión de futuro en todo el archipiélago caribeño.
