author Llámanos: 809-531-1101

Comparar listados

ARQUITECTURA E INTELIGENCIA ARTIFICIAL

ARQUITECTURA E INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Visualización, revisión tridimensional y producción de expedientes bajo límites definidos por el oficio.

En el proceso creativo de Franc Ortega, la inteligencia artificial no recibe una hoja en blanco. Antes de intervenir, encuentra un proyecto pensado, modelado y situado dentro de unas condiciones concretas que no se delegan a la tecnología: llegan incorporadas desde el origen.

“La clave para no sacrificar la identidad arquitectónica ni el contexto radica en el control de la herramienta”, explica el arquitecto. “En mi metodología de diseño, no permito que la máquina genere propuestas desde cero; yo le suministro modelos tridimensionales con un alto nivel de definición geométrica, donde la escala humana y el entorno ya están rigurosamente integrados”.

Ortega define la IA como “un catalizador visual”: una herramienta que permite producir y evaluar variaciones sin alterar la intención que sostiene el proyecto. “El proceso de generar y evaluar múltiples opciones, que antes era sumamente tedioso y consumía muchas horas, ahora es cuestión de minutos”.
Esa velocidad no significa que la herramienta se utilice de manera indiscriminada. En la práctica de Ortega, cada tecnología ocupa un lugar específico: la inteligencia artificial participa, sobre todo, en la exploración visual y espacial; la comprobación técnica se apoya en sistemas concebidos para coordinar la información de la obra.

“Siendo totalmente transparente, todavía no utilizo la inteligencia artificial para anticipar problemas técnicos o conflictos constructivos”, reconoce. La detección de interferencias entre las distintas ingenierías y su corrección antes de iniciar la construcción se realizan mediante BIM. “Mientras la IA es nuestra herramienta estrella para la iteración visual y espacial, la validación técnica rigurosa sigue perteneciendo, por el momento, al entorno BIM”.

El arquitecto refiere que uno de los cambios más visibles se produce en la relación con el cliente. Durante años, una parte importante del trabajo del arquitecto consistió en explicar espacios que todavía no existían a personas poco familiarizadas con planos, cortes, elevaciones y modelos técnicos. Esa distancia podía retrasar decisiones, provocar dudas o generar expectativas alejadas del resultado final.

“El cambio ha sido verdaderamente radical. Tradicionalmente, el mayor reto era lograr que el cliente lograra visualizar el espacio a partir de un plano técnico o un modelo básico. Hoy, la capacidad de generar diagramas, recorridos en video y perspectivas fotorrealistas con ambientaciones precisas cierra esa brecha de imaginación de forma inmediata”.

El impacto va más allá de producir imágenes atractivas. Una representación clara permite que el cliente compare opciones, comprenda las consecuencias de una modificación y participe de manera más informada en el proceso. “Al no tener que ‘adivinar’ el resultado, el cliente comprende el proyecto con una claridad absoluta. Esto no solo agiliza la validación de alternativas, sino que reduce la incertidumbre y acelera enormemente todo el proceso de toma de decisiones y aprobaciones”.

Para Ortega, el punto de mayor enfoque aparece incluso antes de los planos y de las decisiones técnicas: en la primera conversación. “Si pudiera mostrarle a un cliente un solo momento del proceso donde la inteligencia artificial realmente marca la diferencia, elegiría la primera reunión de conceptualización, el momento exacto en el que el cliente intenta transmitir sus ideas abstractas y necesidades en palabras, y nosotros las transformamos, en tiempo real, en las primeras imágenes visuales del proyecto”.

Agrega: “El cliente hablaba de ‘sensaciones, luz y calidez’, el arquitecto tomaba notas, y pasaban semanas de trabajo técnico en el estudio antes de poder mostrarle un primer render o volumen tridimensional. Si la interpretación no era la correcta, significaba volver a empezar desde cero”. En este escenario, la visualización inmediata no sustituye el desarrollo del proyecto, pero permite comprobar desde el primer encuentro si la intención ha sido comprendida.

La rapidez también podría conducir a una acumulación excesiva de propuestas. Ortega evita esa dispersión estableciendo una dirección antes de utilizar la herramienta. “En nuestra práctica, nunca generamos cientos de alternativas con IA. Nuestro proceso siempre parte de una intención de diseño claramente definida desde el inicio, basada en la experiencia, el contexto y las necesidades del cliente”. Las iteraciones se concentran en materiales, composiciones y soluciones concretas. Este filtro permite evaluar cada variante desde tres condiciones que no pueden perderse de vista: costo, funcionalidad y calidad espacial.

Datos ambientales, criterio arquitectónico

La sostenibilidad representa otro campo en el que la inteligencia artificial puede ampliar la capacidad de análisis desde las primeras fases. Comparar orientaciones, revisar el comportamiento de la luz natural, estudiar la ventilación o evaluar materiales permite incorporar criterios ambientales antes de que las decisiones sean difíciles o costosas de modificar.

“La IA puede ser una herramienta muy útil para evaluar rápidamente distintas variables ambientales desde las primeras fases del diseño”, sostiene Ortega. “Permite comparar orientaciones, estudiar el comportamiento de la luz natural, simular condiciones de ventilación y analizar opciones de materiales o estrategias pasivas antes de tomar decisiones definitivas”.

Los resultados, advierte, no deben asumirse como instrucciones definitivas. “Esas recomendaciones deben interpretarse con criterio arquitectónico y conocimiento del contexto, porque la sostenibilidad no depende solo de datos, sino también de cómo el proyecto responde al clima, al lugar, al uso y a las personas que lo habitan”.
“La integración de la IA con BIM puede aportar valor en la medida en que permita analizar información del modelo con mayor rapidez, detectar patrones, anticipar incompatibilidades y facilitar la coordinación entre las distintas disciplinas”, señala. BIM seguiría funcionando como la estructura organizada del proyecto; la inteligencia artificial ayudaría a interpretar sus datos, priorizar alertas y comunicar el alcance de los cambios. “La toma de decisiones final debe permanecer en manos del equipo técnico”.

La popularización de plataformas capaces de generar visualizaciones realistas en pocos segundos ha reducido, en ocasiones, la conversación sobre IA a la producción de imágenes. Ortega cuestiona esa mirada. “El principal desafío es entender que la arquitectura es mucho más que una imagen. Una visualización puede comunicar una intención, pero no resuelve por sí sola la funcionalidad, la relación con el contexto, la experiencia del usuario, la viabilidad constructiva ni el impacto del proyecto en el tiempo”.

“La IA debe asumirse como una herramienta de apoyo al pensamiento arquitectónico, no como un sustituto del criterio profesional”. Su aporte se vuelve estratégico cuando ordena información, permite explorar escenarios y devuelve tiempo a las tareas que exigen sensibilidad, interpretación y visión: diseñar espacios coherentes, habitables y responsables con su entorno.

La revolución silenciosa de los planos

menos atención que los renders y las imágenes generativas. “La aplicación de la inteligencia artificial que hoy está siendo más subestimada por la mayoría de los arquitectos es la automatización y optimización de los procesos de documentación técnica y la generación de planos de construcción detallados a partir del modelo tridimensional”.

El planteamiento desplaza la conversación hacia la parte menos vistosa y más demandante del ejercicio profesional. El diseño conceptual ocupa una fracción del calendario. Después vienen los planos ejecutivos, las memorias técnicas, los detalles constructivos, las especificaciones y la comprobación del cumplimiento normativo. “Ahí se consume el grueso de los recursos, las horas de trabajo y el presupuesto de un estudio”, advierte.


Los flujos BIM ya ofrecen una base concreta para esa transformación. En Revit, un programa de Autodesk utilizado para diseñar y coordinar edificios mediante modelos digitales, las plantas, secciones, vistas, cuadros y láminas se alimentan de una misma fuente de información. Cuando un elemento cambia, los datos relacionados se actualizan y coordinan en las distintas representaciones del proyecto. El acceso a datos AEC (siglas en inglés de arquitectura, ingeniería y construcción) más estructurados amplía esa posibilidad, permitiendo automatizar tareas repetitivas, localizar información incompleta, comparar versiones y generar reportes con mayor rapidez.

La IA podría reducir parte de la revisión manual, pero no convertir el expediente en un producto automático ni eximir al arquitecto de comprobar lo que firma. La oportunidad está en utilizar mejor la información del modelo para que el equipo dedique menos tiempo a rastrear inconsistencias y más a resolverlas.

Las herramientas detrás del proceso

El arquitecto Franc Ortega explica que utiliza siete plataformas en distintos momentos de su práctica, pero no las entiende como soluciones aisladas. Cada una responde a una necesidad concreta: visualizar una idea, analizar información o convertir documentos dispersos en conocimiento útil para el proyecto.

En la fase de representación aparecen herramientas como Nano Banana, Rendair y D5 Render. La primera, integrada en Gemini, permite editar imágenes y probar materiales, mobiliario, paisajismo o determinadas condiciones ambientales sobre una visualización existente, sin alterar necesariamente el resto de la escena. Rendair transforma instrucciones de texto, bocetos, plantas, elevaciones, secciones y vistas CAD —representaciones técnicas digitales elaboradas mediante programas de diseño asistido por computadora—, además de modelos tridimensionales, en renders que facilitan la exploración conceptual y la presentación de alternativas al cliente. D5 Render completa ese flujo mediante el renderizado en tiempo real de modelos procedentes de Revit, SketchUp, Rhino o Archicad, lo que permite ajustar iluminación, texturas, vegetación, atmósferas y animaciones mientras el diseño todavía está evolucionando.

Otro grupo de herramientas interviene en la lectura y organización de la información. Gemini puede analizar documentos, hojas de cálculo, imágenes, videos y cuadernos vinculados; dentro de un estudio de arquitectura resulta útil para ordenar programas de necesidades, comparar referencias, resumir normativas y revisar datos distribuidos en diferentes archivos. ChatGPT puede apoyar ese trabajo mediante la síntesis, comparación y transformación de documentos, así como en la elaboración de minutas, listas de comprobación, borradores de memorias o registros de observaciones, siempre bajo la revisión del profesional responsable.

Gemini Notebook, conocido anteriormente como NotebookLM, cumple una función más cercana a la gestión del conocimiento. La plataforma permite reunir reglamentos, manuales, informes, notas y otras fuentes dentro de un mismo entorno, consultar ese conjunto documental y localizar con rapidez la información que sustenta una decisión. Claude también puede trabajar con documentos extensos, hojas de cálculo e imágenes, por lo que resulta útil para revisar memorias y especificaciones, comparar versiones y estructurar informes técnicos de mayor complejidad.

El valor está en comprender cuándo utilizar cada una, qué tarea puede agilizar y cuáles decisiones deben permanecer bajo el criterio del arquitecto.

IA y BIM para modernizar la gestión pública

tecnologías no depende exclusivamente de la iniciativa privada. Aunque numerosos estudios han avanzado en la implementación de BIM y herramientas de inteligencia artificial, Ortega considera que el sector público tiene ante sí una oportunidad decisiva.

“Ya las firmas de arquitectos dominicanas tienen tiempo implementando las tecnologías BIM y de IA. Sin embargo, las instituciones gubernamentales tienen una gran oportunidad de ponerse al día con estas tecnologías”. El paso relevante sería incorporarlas a los sistemas de evaluación, aprobación, inspección y supervisión de proyectos, no como recursos ocasionales, sino como parte de una transformación institucional.

La adopción de BIM permitiría trabajar con expedientes coordinados, verificables y trazables. “Si estos procesos se integran de manera seria al contexto dominicano, podrían reducir tiempos de revisión, disminuir errores, mejorar la transparencia y elevar la calidad técnica de las aprobaciones”, plantea.

La tecnología no tendría que aprobar por sí sola un proyecto ni desplazar la responsabilidad de los revisores.
“La IA podría ayudar a revisar información normativa, detectar inconsistencias, organizar expedientes, priorizar observaciones y facilitar una comunicación más eficiente entre proyectistas, revisores e instituciones”. Bien implementadas, estas capacidades podrían convertir los procesos de control en sistemas más ágiles, objetivos y competitivos para el sector construcción.

La decisión sigue siendo humana

Ortega no concibe la inteligencia artificial como una autoridad incuestionable. Considera que es un participante dentro de un proceso en el que las recomendaciones deben discutirse, contrastarse y, cuando sea necesario, descartarse.

“Veo la IA como un colaborador más dentro del proceso de diseño”. Como cualquier integrante de un equipo, puede advertir aspectos que merecen revisión, sugerir posibilidades o abrir perspectivas distintas. “Eso no significa que deban aceptarse automáticamente”.

Una solución visualmente impactante puede resultar incoherente con la escala, el concepto, la factibilidad constructiva o la forma en que las personas utilizarán el espacio. “En arquitectura, cada decisión debe pasar por el filtro del criterio profesional, la experiencia, el contexto, la intención de diseño y la responsabilidad frente al usuario y la ciudad”. La tecnología puede asistir, comparar y sugerir, pero, como concluye Ortega, “el juicio arquitectónico sigue siendo insustituible”.


Ese principio también marcará la formación de las nuevas generaciones. El dominio de plataformas será necesario, pero insuficiente para distinguir a un profesional. “Considero indispensable que las nuevas generaciones desarrollen criterios claros, originalidad y una sólida capacidad de análisis”, enfatiza Ortega. A esas competencias se suman la capacidad de formular preguntas pertinentes, interpretar críticamente los resultados y diferenciar una solución atractiva de una respuesta verdaderamente adecuada. También será necesario conservar una postura ética y comprender la construcción, los materiales, la escala humana, la ciudad y la cultura del lugar.

“La arquitectura no se limita a generar formas; se trata de crear espacios con sentido, permanencia y capacidad de mejorar la vida de quienes los habitan”, sostiene. Frente a una tecnología capaz de producir imágenes y alternativas a una velocidad inédita, la diferencia profesional no estará en competir con el algoritmo, sino en saber dirigirlo. “En ese equilibrio entre dominio tecnológico y criterio humano estará la diferencia”, concluye el arquitecto.

Artículos Relacionados

TODO SINCRONIZADO

TODO SINCRONIZADO Modelado compartido, telemetría y espacios comunes para mantener alineados...

sigue leyendo

DISEÑAR ANTES DE DIBUJAR

DISEÑAR ANTES DE DIBUJAR Métodos generativos, simulaciones y exploraciones paramétricas para...

sigue leyendo

PRONOSTICAR AMENAZAS

PRONOSTICAR AMENAZAS Mapas de probabilidad para proteger la continuidad de la obra y reducir...

sigue leyendo