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INDUSTRIALIZACIÓN Y TECNIFICACIÓN | LA EVOLUCIÓN ESTRUCTURAL DE LA CONSTRUCCIÓN DOMINICANA

INDUSTRIALIZACIÓN Y TECNIFICACIÓN | LA EVOLUCIÓN ESTRUCTURAL DE LA CONSTRUCCIÓN DOMINICANA

INDUSTRIALIZACIÓN Y TECNIFICACIÓN | LA EVOLUCIÓN ESTRUCTURAL DE LA CONSTRUCCIÓN DOMINICANA

En un sector que evoluciona entre la tradición y la innovación, el ingeniero Erik Bueno Tejada analiza cómo la industrialización y la tecnificación están redefiniendo la forma de construir y la rentabilidad del negocio.

En el corazón de un sector históricamente definido por la tradición y la alta dependencia de la mano de obra, la construcción de viviendas en República Dominicana atraviesa una transformación silenciosa, pero profundamente estructural. La industrialización y la tecnificación han comenzado a redefinir no solo cómo se construye, sino cómo se conciben, planifican y ejecutan los proyectos inmobiliarios en un mercado cada vez más exigente.

En este contexto, la trayectoria del ingeniero Erik Bueno Tejada resulta particularmente reveladora. Con más de dos décadas de experiencia en el desarrollo de proyectos inmobiliarios, una sólida formación académica en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y un rol activo dentro de la Asociación Dominicana de Promotores y Constructores de Vivienda (Acoprovi), Bueno ha sido testigo y protagonista de la evolución del sector.

Desde Ebusa Engineering Group, firma con la que ha desarrollado más de veinte proyectos, posee un entendimiento claro de hacia dónde se dirige la industria. Para Bueno, hablar de industrialización no es referirse a un concepto abstracto, sino a una práctica concreta que ya está en marcha.

“Implica trasladar hacia fábricas y plantas de producción la mayor cantidad posible de procesos constructivos, llevando los componentes a un alto nivel de terminación antes de su llegada a obra”, explica. Este enfoque, añade, permite reducir significativamente los tiempos de ejecución en sitio, optimizar los recursos humanos y elevar los estándares de control de calidad.

Lejos de ser una idea futurista, el ingeniero Bueno identifica varias etapas en este proceso evolutivo. Desde el uso de materiales industrializados como el hormigón premezclado o los elementos prefabricados, hasta la incorporación de equipos especializados como grúas trepadoras, sistemas de encofrado industrializado, andamios multidireccionales, que han transformado la dinámica en obra. A ello se suma una nueva fase, aún en desarrollo, que apuesta por la preconfiguración de componentes completos antes de su llegada al proyecto, como módulos técnicos o fachadas prefabricadas.

Esta transformación tiene una implicación directa en uno de los mayores retos del sector: la rentabilidad en un mercado de márgenes ajustados. Desde su experiencia, Bueno sostiene que la tecnificación no necesariamente encarece el producto final, sino que optimiza su estructura de costos.

“El uso de maquinaria y herramientas especializadas permite sustituir importantes volúmenes de mano de obra no calificada por equipos más reducidos y eficientes. Esto reduce tiempos, disminuye desperdicios y se traduce en menores costos directos e indirectos”, señala.

Aunque reconoce que la inversión inicial puede ser elevada, enfatiza que su aplicación recurrente genera ahorros acumulados que compensan ampliamente ese esfuerzo inicial.

Paradójicamente, uno de los desafíos más críticos del sector, la escasez de mano de obra calificada, se presenta también como una oportunidad para acelerar esta transición. “Lejos de ser un problema, puede convertirse en un catalizador de modernización”, afirma. En su visión, la industrialización permite reducir la dependencia del factor humano sin sacrificar calidad, al tiempo que obliga a replantear modelos tradicionales de operación.

Sin embargo, la transformación no es únicamente técnica, sino también cultural. La adopción de herramientas digitales como BIM, la planificación avanzada o los sistemas de control productivo aún enfrenta resistencias dentro del mercado dominicano. “El principal desafío no es tecnológico, sino cultural”, advierte Bueno. “Implica cambiar la forma en que se conciben, planifican y ejecutan los proyectos”. Aunque reconoce avances en grandes empresas, especialmente en proyectos de mayor escala, la adopción aún no es generalizada en el segmento de vivienda.

En este contexto se suman barreras estructurales que ralentizan el proceso: la percepción de altos costos iniciales, la fragmentación de la cadena de valor, la falta de capacitación técnica y, en particular, la disponibilidad aún accesible de mano de obra.

Este último factor, según explica, reduce el sentido de urgencia para adoptar modelos más eficientes, a pesar de que, al analizar el costo total de los proyectos —incluyendo ineficiencias, tiempos y riesgos— la industrialización resulta claramente competitiva.

El equilibrio entre la eficiencia que aporta la industrialización y el atractivo de la personalización

Uno de los mitos más extendidos en torno a los procesos de industrialización y tecnificación procesos es la supuesta pérdida de identidad en los proyectos. Para Bueno, esta idea carece de fundamento. “Producir de manera estandarizada no implica sacrificar diseño ni personalización”, afirma. La clave está en comprender que la industrialización optimiza los procesos constructivos, no los conceptos arquitectónicos. En ese equilibrio entre eficiencia y creatividad se encuentra, precisamente, uno de los grandes retos del sector.

La transformación también redefine el perfil del talento humano. La construcción del futuro demandará menos mano de obra no calificada y más personal técnico, capaz de operar equipos especializados y herramientas digitales. “El conocimiento práctico deberá complementarse con formación técnica estructurada”, señala, destacando el rol de instituciones como el INFOTEP en la preparación de este nuevo capital humano.

De cara al 2030, el ingeniero proyecta un escenario de evolución progresiva hacia modelos híbridos. Si bien considera poco probable una industrialización plena en el corto plazo, debido a las altas inversiones requeridas y a la limitada incentivación gubernamental, reconoce que el camino ya está trazado. “Los avances logrados en los últimos años indican que el sector
seguirá avanzando hacia esquemas más optimizados, aunque aún queda un recorrido importante”, puntualiza.

En el proceso de esta transformación, hay un elemento que, aunque menos visible, continúa siendo determinante: la logística de obra.

Para Bueno, este es el verdadero “factor invisible” que define el éxito o el fracaso de un proyecto. “La coordinación de proveedores, el transporte de materiales y la gestión de inventarios son factores críticos. Una logística mal ejecutada no solo genera retrasos, sino también conflictos y pérdidas económicas”, advierte. En un entorno cada vez más regulado y urbano, la planificación logística adquiere un carácter estratégico que no puede ser subestimado.

La construcción dominicana se encuentra, así, en un punto de inflexión. La industrialización y la tecnificación ya no responden a una lógica de innovación opcional, sino a una necesidad estructural para garantizar la sostenibilidad del sector.

Como bien sintetiza la visión del ingeniero Erik Bueno Tejada, el desafío no radica en la disponibilidad de herramientas, sino en la capacidad del mercado para adoptarlas con visión, disciplina y apertura al cambio. En ese tránsito, no solo se redefine la forma de construir, sino también el futuro mismo de la industria.

En este nuevo ciclo de transformación, la construcción dominicana está llamada a tomar decisiones que trascienden lo operativo para convertirse en apuestas estratégicas de largo plazo. Industrializar y tecnificar no es únicamente incorporar maquinaria o herramientas digitales; es redefinir la mentalidad con la que se conciben los proyectos, se gestionan los recursos y se proyecta el crecimiento del sector.

Como puntualiza el ingeniero Bueno Tejada, el verdadero diferencial competitivo no estará en quién construye más, sino en quién construye mejor, con mayor eficiencia, control y sostenibilidad. El futuro no pertenece a quienes se resisten al cambio, sino a quienes logren integrarlo con inteligencia, disciplina y visión de industria.

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