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JOSÉ ANTONIO LÓPEZ | SU MÍSTICA PRINCIPAL ES EL TRABAJO RESPONSABLE Y EL ESFUERZO DE REALIZARLO SATISFACTORIAMENTE

JOSÉ ANTONIO LÓPEZ | SU MÍSTICA PRINCIPAL ES EL TRABAJO RESPONSABLE Y EL ESFUERZO DE REALIZARLO SATISFACTORIAMENTE

Sentado en la cómoda y fresca terraza de su casa, en La Romana, don José Antonio nos platicó sobre sus más de veinte años de arduo trabajo en el sector construcción, y de cómo, después de haber estudiado veterinaria, se enamoró del negocio familiar, que ya cuenta con una tercera generación.

 

-“¡Estoy bien!”-, me respondió, tras un saludo de mi parte. Estas fueron unas de sus primeras palabras antes de iniciar formalmente la conversación a distancia (vía zoom); empero este afable ser me hizo sentir tan cerca, que su ambiente fresco logró que olvidará el mío, que rondaba cerca de los 30 grados celsius.

José López fue el fundador y es el presidente de J. López Constructora, historia de la que hablaremos más adelante. López nació el 10 de mayo del año 1946, en San José de las Matas, fruto del matrimonio de José Concepción López y Carmen Socorro Peralta Izquierdo.

Fue en Sajoma donde vivió sus primeros años. Tras mudarse la familia a Santo Domingo, en el año 1954, a su residencia en la Av. Máximo Gómez #18, José continúa sus estudios en La Salle, y en el Liceo Dominicano. Luego se gradúa de Médico Veterinario, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

“Además de camiones, en mi casa teníamos una finca, por lo que en algún momento de mi juventud entendí que debía estudiar veterinaria”, nos cuenta José Antonio durante nuestra conversación. El empresario de la construcción nos relata que, tras haberse graduado de dicha carreara, nunca pudo ejercerla, “No tuve tiempo de ejercer la veterinaria porque, tras la muerte de mi padre, me quedé al frente del negocio de la familia, y me gustó tanto, que me quedé. El negocio del transporte y construcción, movimiento de tierra… es embriagante”.
La empresa ya cuenta con una tercera generación, y es su hijo José Concepción quien está prácticamente al frente de la empresa, bajo su supervisión; pero al final, de una forma o de otra, todos sus hijos forman parte importante de J. López Constructora.

«A mis hijos, desde pequeños, siempre les gustaron los camiones, las máquinas… y a mis nietos también les encanta, digamos que es algo que está en la sangre de los López”, por lo que desde ya se va creando una cuarta generación para J. López Constructora.

J. López Constructora

Todo inicia con José C. López Peralta (don Negro), quien suministraba a sus clientes del sector construcción, agregados y servicio de bote de materiales. Posteriormente, surge la sociedad José López & Asociados de la mano de Juan Reyes e Icelzo Medina; aquí es donde inicia el desarrollo de los movimientos de tierra, construcción de carreteras, construcción de terraplenes para obras inmobiliarias, industriales y turísticas.

Esto abrió el camino para la ampliación del suministro de agregados a estas obras. Así se expandió la operación a la zona turística de San Pedro de Macorís, Bayahíbe, Bávaro y Punta Cana; gracias a la utilización de versátiles equipos de transporte, junto a su flotilla de camiones que, para el momento, constaba de 16 camiones, entre ellas cuatro de 30 metros cúbicos. En esta etapa, en la empresa, la demanda era tal, que en ocasiones la operación era de 24 horas con doble turno de personal.

Más adelante, al crecer las familias de los socios y surgir el interés de integración de los mismos a la operación, se disuelve esta sociedad y nace J. López Agregados y Transportes, dando inicio a lo que hoy en día es J. López Constructora, formada por don José y sus hijos José Concepción y José Antonio López Vander-Horst.

Desde entonces, la empresa ha implementado nuevas tecnologías para el desarrollo de los diferentes tipos de obras. Actualmente, además de los servicios tradicionales de la empresa, también cuenta con producción de agregados, producción de materiales que se originan de materiales derivados de materias primas recicladas, producto de las excavaciones, demoliciones de gran altura y movimientos de tierra en roca caliza con máquinas mineradoras o fresadoras.

Estas máquinas han introducido una nueva versatilidad en el mercado para el rendimiento y eficiencia en las obras. Actualmente, la empresa cuenta con una nómina que consta de 160 personas y una flotilla de equipos de más de 100 unidades de las cuales el 70 % es del 2009 en adelante.

Como presidente de la empresa, puesto que ocupa desde su fundación hasta la fecha, ejecuta responsabilidades que tienen que ver con la toma de decisiones de la parte administrativa, asesora el departamento de Ingeniería en la ejecución de los diferentes tipos de trabajos que realizan, dependiendo el cliente y las características de cada proyecto.

Participa en las reuniones de producción del departamento de Ingeniería, asesora el departamento de Mecánica y Operaciones para mejor ejecución de los trabajos de reparación, tanto mecánicos como en la operación general de la empresa. En la parte administrativa, dado su amplio conocimiento y experiencia de servicio, colabora con implementar las mejores prácticas para nuestro mercado. Es un hombre de retos y los asume con entusiasmo y decisión de cumplir debidamente el compromiso.

Como empresario, sabe la importancia de la formación técnica de sus profesionales para dar un mejor servicio y emplear las mejores utilidades de los equipos, logrando así la eficiencia de los trabajos. “Cada uno de los técnicos que conforman nuestro personal, en cada una de las áreas, ingeniería, producción, mecánica y la asesoría en área industrial, que es la manufactura de los agregados, es vital para la toma de decisiones acertadas que garanticen el éxito de cada proyecto”.

Haciendo un poco de memoria, y para agregar una chispa jocosa a la entrevista, José Antonio recuerda que en la empresa de transporte de materiales de construcción José López, trabajaba un mecánico muy singular, al que se le conocía por el mote de El Chévere, una persona muy dada a los tragos. El Chévere siempre andaba escaso de dinero, por lo que estaba a la caza de oportunidades para obtenerlo.

“Cuando llegaba diciembre, desde los primeros días de ese festivo mes, se acercaba a uno de los asistentes míos para que me dijera que él necesitaba que lo «aniquilaran», es decir, que lo liquidara, pagándole las prestaciones laborales, con la condición de que lo dejara trabajando; de esa manera, obtendría ingresos para rendirle culto a Baco. La ocurrencia me gustó, por lo que procedí a «aniquilar» a El Chévere, quien a partir de ese momento y hasta que pasó diciembre, se mantuvo asistiendo poco al trabajo porque se dedicó a «aniquilar» los fondos extras que había recibido”. Cuando pasaron las festividades, todo volvió a la normalidad.

Un antes y un después

La ciudad ha tenido un crecimiento notable en las últimas décadas, y José ha sido testigo de ello: “Se podría decir que antes era pequeñita, ahora hay una serie de sectores que son enormes. Antes la parte este solo era el ensanche Ozama y Los Mina. Los Alcarrizos, Herrera, Manoguayabo… son sectores que han crecido muchísimo también; y hay una heterogeneidad de obras en la cuidad, entre las que vivimos y nos movemos continuamente”.

“Tuve la suerte de trabajar en una época de desarrollo en el país, cuando se comenzaron a construir pequeñas y medianas presas, y tuve la dicha de trabajar en la presa de Río Blanco, –situada al suroeste de la ciudad de Bonao, Monseñor Nouel– ésta última de una magnitud considerable”. Trabajó, además, con una constructora italiana, que hizo la línea de conducción del acueducto desde Valdesia hasta los tanques del kilómetro 9, de la autopista Duarte. Fue una obra que viví desde que se instaló el primer tubo en Valdesia hasta que se puso el último en la capital”, hace memoria, sin dejar de mencionar trabajos más recientes y significativos como la excavación de los terrenos donde se erigió BlueMall.

Sobre las piedras que pudo haberse encontrado en su camino, refiere que: “Todas las obras tienen siempre sus bemoles. Se pasan seis meses ‘tirando’ rayas en un escritorio, y cuando llegas al terreno se ‘borran’ todas. Esa excavación –se refiere a la de BlueMall– la más grande que habíamos hecho en la ciudad, hasta ese momento, me entusiasmó mucho por la magnitud del trabajo. Había un director, un hombre de mucho carácter e ingeniero a carta cabal, y eso era a garrotazo todos los días… pero al final concluimos bien. Fue muy emblemático trabajar en esta obra, de mucho orgullo”, finaliza a carcajadas.

Muy personal

“Como la primera de los hijos en integrarse a trabajar en la empresa con papi, siempre me llamó la atención que, primeramente, sus herramientas de trabajo administrativo eran: lápiz de carbón Berol Mirado No. 2, libro de banco de tres columnas, máquina de escribir Panasonic 2020, folders y ganchos para archivar”, nos cuenta su hija mayor Carmen, a quien también le llamaba mucho la atención que “llegaba a la oficina siempre a tiempo, y luego de hacer recorrido por las obras del momento, lo primero que hacía era llamar a su oficina al encargado de Contabilidad y pedir ver el libro del banco actualizado. Hacía sus sumas de acuerdo a lo que encontraba registrado y nunca se equivocó cuando lo devolvía, no solo asegurando que el total estaba mal, sino acertando cuando expresaba que faltaba o sobraba dinero”.

Y es que así es José Antonio, apasionado de su trabajo, meticuloso, responsable y honesto, pero sobre todo con buenas relaciones humanas, que ama, sobre todas las cosas, a los suyos: “Mi familia ha sido mi mayor responsabilidad y obligación. Mi profesión ha sido el medio que me ha dejado los excelentes resultados, que me ha permitido disfrutar junto a mi familia los progresos que he alcanzado”.

José Antonio López está casado con Juana Altagracia Vander-Horst Domínguez, con quien ha procreado tres hijos: Carmen Judith, de cuarenta y cuatro años de edad, graduada de Administración de Empresas en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM); y Gestión Estratégica de Recursos Humanos, en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC); José Concepción, 43 años de edad, egresado de la carrera de Ingeniería Industrial de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), con estudios de Logística en la Universidad de Saragoza, España; y José Antonio, 40 años de edad, ingeniero civil, egresado del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), con maestría en Administración de la Construcción, en la Universidad de Wooster, Massachusetts.

 

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