INGENIERO DINO CAMPAGNA | TRAYECTORIAS DESTACADAS

Como suele pasar con casi todos los que se dedican a la ingeniería, la pasión por los números sentó las sólidas bases para que un curioso y tímido joven que comenzó sus estudios universitarios con apenas 16 años lograra desarrollar una brillante carrera que, a través de las décadas, ha sabido complementar a la perfección con la familia.
Y más allá de esa temprana pasión por los números, la trayectoria de Dino Campagna ha estado llena de retos y desafíos que ha afrontado con determinación, logrando aciertos y reconocimientos que son producto de su formación, su filosofía de vida y las enseñanzas que el camino hasta ahora recorrido le han dejado.
«Mi interés por la ingeniería nació porque los números se me daban muy bien. En mi familia no había ningún ingeniero ni arquitecto.
Recuerdo que antes de salir del colegio, nos hicieron un test de inteligencia y aptitud y el mío arrojó que podía estudiar lo que yo quisiera, o sea, que no me orientó en mi elección´´. Un comentario que Dino hace de manera jocosa, sobre todo porque ese test que menciona era prueba suficiente de que podía destacarse en lo que él quisiera. Pero, pensando en serio, había que definir el futuro, así que también resulta graciosa su estrategia para decidir el campo profesional que marcaría su vida: ´´De las carreras tradicionales en boga en los años 70, descarté la medicina, pues si veía sangre me mareaba; descarté la abogacía, no me gustaban los pleitos; las carreras que requerían vestimenta formal, también las descarté, y por todo ello me incliné hacia la ingeniería, decisión que de nuevo tomaría en una segunda vida».
Sus primeros estudios y algunas anécdotas de juventud
«Mis estudios primarios los realicé en el Colegio Calasanz hasta el 6to. curso y luego pasé al Loyola, donde me gradué de bachiller. Un verdadero orgullo para mí haber recibido la sólida formación Jesuita, en una etapa de la vida donde hay muchas atracciones color de rosa, pero también hay muchas grises, que no distinguimos por la inexperiencia, de las cuales hay que tener la suficiente orientación e información para cuidarse de ellas. Todos los de mi promoción han sido gente de bien, de familia y con aportes a la sociedad, cada uno en la medida de sus posibilidades, y en su campo de actuación. Recuerdo que era, creo, el más joven de la promoción, tanto así que entré a la universidad con tan solo 16 años acabados de cumplir».
De esa etapa de su vida, Dino recuerda con agrado y nostalgia el día en que decidió que la timidez que le caracterizaba no le impediría más destacarse ni alcanzar nuevas metas, cuando en el colegio les pusieron como tarea para el otro día la adivinanza «Comienza como termina, termina en co, y no es coco». Por la noche, luego de varias horas, Dino logró intuir que la respuesta correcta era «Terco». Al otro día, el profesor preguntó si alguien tenía la respuesta. «Mi timidez no me dejó levantar la mano a tiempo. Alguien se me adelantó y la respuesta correcta era, efectivamente, Terco. Desde ese día, me esforcé por vencer la timidez y ahora… ¡no me callo!».
Son muchas las anécdotas que Dino podría seguir mencionando, pero hay otra en particular que también recuerda. «En el Loyola, parece que jugaba bien el basketball. Fui el MVP varias veces y en un juego anoté 81 puntos. Un día, el equipo del Loyola estaba jugando contra otro colegio a dos cuadras y estábamos perdiendo. El entrenador vio como una opción el sacarme del aula donde me encontraba tomando clases, así que el profesor me dio permiso para ir al juego como refuerzo. ¡Qué decepción! No metí ni un solo punto y ni un solo rebote, y la paliza fue mayor «.
Una etapa universitaria llena de retos
Entrar en contacto con otras culturas y otras formas de ver la realidad es, sin lugar a duda, una experiencia que enriquece tanto en lo personal como en lo profesional. Y Dino tuvo la suerte de, tras concluir sus estudios en Santo Domingo, viajar a Italia para continuar ampliando sus conocimientos. Un país notable por lo que cultural e históricamente significa para el Occidente, pues es cuna de una civilización que ha ejercido una indiscutible influencia en el mundo.
«Mis estudios universitarios los inicié en el 1975 en la UNPHU, y luego de graduado me fui a Roma, en el 1981. En esta ciudad obtuve el grado de Doctor en Ingeniería Civil, aunque ese grado se corresponde más bien a una maestría y no a un Doctorado, en la Università Degli Studi La Sapienza. También realicé en Milán un curso de especialización en el Politécnico de Milán, con una beca que obtuve, de 12 becas que IILA (Instituto Italo Americano) ofreció para toda Latinoamérica.

«Realmente pudiera decir que el haber estudiado y viajado por Europa por cinco años me marcó, pues el ser humano, el profesional, el esposo y el padre que soy hoy en día tienen su moldeado y consolidación en esos años, ya que cambió mi forma de ver la vida, amplió la visión limitada de un adolescente de una isla en el Caribe, me puso en contacto con tantos años de historia, con las maravillas arquitectónicas, con las increíbles obras de ingeniería, con el arte, con la cultura en sentido general. Imagínate, desde la ventana donde me sentaba en la universidad veía a escasos metros el Coliseo, al lado de la universidad estaba el Moisés de Miguel Ángel en la Iglesia de San Pietro in Vincoli, a donde iba todos los días luego de tomarme un espresso!.»
En el caso de muchos jóvenes cargados de sueños y dispuestos a enfrentar responsabilidades, una agenda» bien organizada que les permita eficientizar el tiempo es de gran ayuda. Y mientras estudiaba, Dino trabajaba en la Embajada Dominicana en Roma, como Primer Secretario y Representante Alterno ante la FAO. Cuenta que se trabajaba mucho, pues en esa época eran solo cinco funcionarios, no como ahora, que el número ha aumentado.
Una sólida formación que ha dejado sus frutos
El ingeniero que hoy en día bien pudiera ver la vida desde una tranquila posición de testigo, prefiere seguir siendo parte de los que escriben nuevos capítulos en su ámbito profesional y personal. De hecho, no duda en afirmar que su vida ha sido «muy bien vivida y aprovechada, con muchos amigos, con el deporte como parte inseparable de mi vida, con muchas diversiones y con una sed inconmensurable de aprendizaje y compromiso».
«La formación que recibimos en la UNPHU, hoy en día la valoro mucho, pues me preparó para enfrentar los problemas y los retos en cualquier campo de la ingeniería. Fue una amplia formación, ideal para un país donde las oportunidades de trabajo te pueden llegar en cualquier rama de la ingeniería. Estaba en cada uno de nosotros el especializarnos o no, dependiendo de las inquietudes y posibilidades».
Al preguntarle sobre quiénes han sido algunas de las personas que contribuyeron con su crecimiento personal y profesional, Dino destaca que en su formación escolar el padre Maza fue un referente para él. «Influyó mucho en mi desarrollo integral. Yo lo considero parte importante de mi formación, por sus sabias enseñanzas en el orden teológico y filosófico. Hace unos días me dijo: ¡Dino, una persona vieja es aquella que no sabe que lo es!».
En mi etapa de formación universitaria, fueron muchos los profesores a los que les agradezco sus enseñanzas y orientaciones: Moncito Báez, Leonte Bernard, Chiqui Troncoso, Antonio Guerra, Pedro Báez, y tantos otros que por razones de espacio, pero no de agradecimiento, no cito!
Las expectativas de sus inicios y una oferta tentadora
Dino Campagna no había terminado sus estudios universitarios cuando ya estaba trabajando con el Ing. Carlos Sully Bonelly, en diseño de canales de riego y pequeñas centrales hidroeléctricas. Era 1978, y le faltaban todavía dos años para terminar su carrera.
Su tesis de grado la realizó junto con su mejor amigo, Ludovino Fernández, «Estudio y análisis estadísticos de los bloques de hormigón que se fabrican en República Dominicana», y luego de presentarla, el Ing. Manolo Alsina, de Bloques Haina, le propuso trabajar en esa empresa con sueldo de RD$1,000.00 al mes. «Era tan tentadora la oferta que mis amigos me decían que si sería capaz de renunciar a ella para irme a estudiar a Italia».
Dino regresó al país desde Italia en el 1986, y formó una compañía, Hidro Agro, con un amigo, el Ing. Rafael Sánchez, para diseño, venta e instalación de sistemas de riego por goteo, aspersión y microaspersión, así como trabajos de naturaleza hidráulica. Ya estaba dando pasos firmes que le permitirían crear las bases para desarrollar la carrera que tanto le apasionaba.
«Ya en el 1989, comprometido con mi esposa Alexandra, a quien conocí en Roma, por casualidad, en el sentido de que fue ella quien me sustituyó en la Embajada, y no nos conocíamos anteriormente, decidí poner mis esfuerzos en algo más productivo, pues ya iba a formar una familia, y es así como me dediqué a la construcción de obras civiles».

Antes de dedicarse a la construcción de torres de apartamentos, labor que inició en 1998, Dino participó en proyectos de diversas índoles, como la restauración de la Catedral, la construcción del Templo de Las Américas, el proyecto residencial de 50 casas en La Isabela, la remodelación de la Plaza de la Bandera, el traslado del Mausoleo de Colón de la Catedral al Faro, la remodelación del Salón de las Cariátides en el Palacio Nacional, diversas villas en Casa de Campo, entre otros.
La restauración de la Catedral fue un trabajo realizado en 1992, bastante interesante, que consistió en la restauración de la fachada, desmontaje y montaje del Mausoleo de Colón, y la sustitución de los pisos de mármol de las naves y el atrio; trabajos que me fueron confiados por el Ing. Bebecito Martínez y su hijo, el Arq. Cristian Martínez, bajo la Dirección del Arq. Eugenio Pérez Montás y el Arq. Esteban Prieto.
La iniciativa de las intervenciones la tuvo el Cardenal López Rodríguez y la restauración se basó en los hallazgos encontrados por el Arq. José María Batlle Pérez, que revelaron que la espléndida fachada de estilo plateresco tuvo en una época, emblemas heráldicos, que fueron destruidos probablemente durante la invasión haitiana (1822-1844). También se encontraron vestigios de la existencia del Escudo Imperial de Carlos I de España y V de Alemania, que fueron nuevamente esculpidos en Pietra Santa, Italia, ciudad de artitas, donde el afamado escultor colombiano Botero, tenía un taller.
Para realizar esos trabajos, se contrató a la restauradora Ángela Camargo, con amplia experiencia en el tema.
Fueron trabajos de gran trascendencia arquitectónica e histórica y de mucha presión, pues corría el año de la celebración del V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de America. Luego de participar en la construcción de villas en Casa de Campo y varios proyectos en la ciudad, decidimos incursionar en la construcción de Torres, siendo la primera Torre Parioli en 1998, de 8 niveles y 14 apartamentos, que se pudo vender increíblemente rápido, aún no tuviéramos experiencia como desarrolladores de Torres y sucedió así, desde mi punto de vista, por la limpieza observada durante toda la construcción muchas personas me decían, “te hemos comprado por lo bien llevada que está la obra y eso proyecta cuál será el resultado final”. Sólo me llevó 11 meses su construcción.

Ese fue nuestro punto de partida, antes de entregar esos apartamentos ya habíamos iniciado cuatro proyectos más en el sector de Piantini, hasta el día de hoy, en el que hemos desarrollado y entregado muchos proyectos que nos han dado gran satisfacción siendo los tres últimos Park Towers, en la Av. Anacaona, Torre UNO y Torres Ayres, que está en proceso de finalización.
«Nuestra etapa de construcción de torres de apartamentos, más de 15 en total, fue también complementada con proyectos de naturaleza variada, como construcción de villas, complejos tecnológicos (Banreservas), torres comerciales y proyectos turísticos».
Campagna Ricart y Asociados
La exitosa empresa a la que el ingeniero Dino Campagna ha dedicado su vida y que ha sido el vehículo idóneo para desarrollar su carrera fue creada hace poco más de 30 años: Campagna Ricart y Asociados. «A la verdad que, si miro atrás, es que me doy cuenta de que he tenido una trayectoria llena de satisfacciones, de esfuerzos, de riesgos, de atrevimientos, pero sobre todo de orgullo por haber actuado, desde mi punto de vista, con un alto sentido de responsabilidad, de ética profesional y de no transigir con lo mal hecho, bajo ninguna circunstancia».
Tras décadas de trabajo constante y resultados notorios, Dino reconoce que, aunque son tantos los proyectos y a todos los considera sus hijos, tal como ocurre en la vida personal, no se pueden mostrar evidencias de preferencias de uno sobre otro. Sin dudas, para él, cada obra es única, representa el resultado de años de experiencia acumulada y de valioso trabajo en equipo.
«Me dicen, oye bien, me dicen, que Park Towers, proyecto de apartamentos de alto metraje en la Avenida Anacaona, y el St. Regis Hotel and Residences, proyecto recién inaugurado en Cap Cana, son los de mayor impacto y trascendencia, y pudieran ser, por su magnitud! Pero cada uno tiene su historia, sus secretos, sus enseñanzas, su personalidad y su importancia y cariño para mí «.
Antes de dedicarme a promover proyectos inmobiliarios en altura, notamos que los proyectos no tenían personalidad; sus nombres se repetían y les cambiaban el número, sus fachadas eran prácticamente las mismas y con los mismos detalles arquitectónicos. Entonces, visualizamos que había un nicho que cubrir, que era el personalizar los proyectos, diferenciarlos y siempre apostando a una correcta ejecución de las estructuras, a una distribución racional de los espacios y a darles terminaciones al más alto nivel.
Para las nuevas generaciones de ingenieros y arquitectos, Dino Campagna no duda en recomendar el valor de la paciencia, pero con una advertencia: que estén siempre alertas al carrusel de las oportunidades que gira constantemente alrededor de todos.
´´Es muy difícil que una misma oportunidad te llegue dos veces. Deben estar atentos y luego de evaluar esa posibilidad, tienen que lanzarse, atreverse, fajarse y meterle ganas con mucha pasión. Soñar, pero siempre analizando objetivamente las fortalezas y las limitaciones que disponemos´´.
Hay una frase que Dino, constantemente se repite para sí mismo: «No me vencerán», y nos explica que es refiriéndose a la apatía y el poco compromiso que se observa en los trabajadores de la construcción. «Quieren hacer las cosas a su modo, de manera fácil y rápida, y no con el nivel de exigencia que requieren las obras bien terminadas, cuyos resultados crean diferencias y dan satisfacción al constructor y al cliente».
El valor del trabajo en equipo

Una vida llena de logros notables en el ámbito profesional difícilmente sea producto del trabajo de una sola persona. Dino es claro y contundente cuando dice que, en cuanto al equipo de ingenieros, arquitectos y personal administrativo que le ha asistido durante tres décadas, no tiene otras palabras para decirles que cuentan con su agradecimiento eterno. «Si, por haber hecho de mi ejercicio profesional una actividad reconocida por suficientes logros, a los que se han entregado en cuerpo y alma, dejándose orientar por las directrices de un profesional que, si ha perseguido algo en la vida, ha sido luchar hasta la saciedad por las buenas ejecuciones en el campo técnico, usando las herramientas de la ética responsable y teniendo a la tranquilidad de espíritu como anhelo incondiciona».
«Ale, Julio, Álvaro, Pedro, Anita, Gian, Che, Jhonattan, Henry , Marlyn, Penélope, Bruni, Sophy, Bety, Leandro, Salo, Rebe, ustedes representan a más de 300 profesionales, personal técnico y administrativo, maestros, de los que me siento muy orgulloso de que me hayan acompañado y de haber recibido sus asistencias y sus enseñanzas de entrega y de humildad».
La familia Campagna Ricart
Su nombre, Dino, tiene una historia detrás estrechamente relacionada con su padre, que se llamaba Garibaldi Campagna. Todo el mundo lo conocía por su apodo Dino, pues vivió un año en Italia y allá le decían Garibaldino, que es un diminutivo. Ese apodo, cuenta el propio Dino, se convirtió en su nombre.
«Mi padre era radiólogo. En mi juventud me sentía muy orgulloso de ser su hijo, pues todos mis amigos y muchas de las familias del país pasaban por su consultorio, en la avenida Bolívar, para hacerse las radiografías, y me lo comentaban. Él me dio muchas libertades, pues supe ganarme su confianza, y mirando hacia atrás, no hay dudas de que eso me hizo madurar rápidamente».
«Mi madre, Teresita Ricart, era un amor de persona, con la que tenía mucha química y complicidad. Desafortunadamente murió muy joven, a los 60 años, y solo pudo conocer a uno de mis hijos, a Salomón. Sé que hubiera sido una abuela muy consagrada y querida y referencia para mis hijos, quienes no pudieron recibir ese cariño, que nosotros sí recibimos».
Además, Dino tiene dos hermanos muy queridos: Bruni, con amplia experiencia de aprendizaje y servicios profesionales a nivel internacional, y que desde hace mucho tiempo le asiste en su trabajo, y Bruno, el menor, quien ha seguido exitosamente la carrera de radiología, al igual que su padre.

Su familia: el gran soporte de su vida
Es muy difícil que una vida de éxitos profesionales esté desvinculada completamente del apoyo de la familia. Y las palabras de Dino, cuando llegamos a este punto de la entrevista, lo confirman.
«Mi familia lo ha sido todo, desde el nacimiento de mi primer hijo, indescriptible momento que arropa de felicidad hasta el nacimiento del último nieto, de los que esperamos muchos más. Desde que me casé, cambié la perspectiva del enfoque de la vida de manera instantánea. Mi familia ha sido la razón de mis esfuerzos, me ha enseñado la importancia de dar pasos firmes y sin desvíos, de soñar, de saber que mi ejemplo debe tener altas calificaciones, más allá de cualquier duda razonable, de mis alegrías, en fin, de tener la esperanza de ser recordado en mi paso por la vida como alguien de bien, que intentó no hacer daño a nadie y que mis sentimientos y mi corazón serán de mi bella familia, hasta su último latido».
Dino confiesa que, cuando conoció a su esposa, supo de inmediato que era ella a quién buscaba. «Todos mis amigos ya se habían casado y yo con 32 años aún no. Estaba acumulando experiencias», comenta entre jocosidad y algo de picardía. Ella ha sido la fuente de inspiración en mi vida, y dentro de mi actividad empresarial me ha ayudado mucho con su arte, su sensibilidad y su entrega incondicional´´.
«Tengo tres hijos, Salomón, Gianmarco y Rebecca, y tengo la dicha de que se han integrado a mi empresa, ¡que es la de ellos! Salo y Gian están casados con Dominique y Lucía, personas maravillosas y que los complementan en sus vidas. Nos han dado tres nietos: Rodri, Martina y Federico, y no creo que pueda aportar nada nuevo ni diferente a lo que todos los abuelos sienten y dicen. Son esos locos bajitos que se incorporan (Serrat), que nos derriten y nos llenan de felicidad, y no hablemos de la familia de Lucía, Freites- Heinsen y la de Dominique, Barkhausen-Pichardo, otras de las bendiciones recibidas».
Premiaciones y reconocimientos nacionales e internacionales
2001 | Cámara Dominicana de la Construcción: “Mejor Empresa Constructora” en el Sector de Torres y Multifamiliares durante el período 1997-2001.
2013 | Cámara Dominicana de la Construcción: “Mejor Empresa Constructora” en el Sector de Torres y Multifamiliares durante el período 2005-2012. “Mención de Honor como Mejor Empresa Constructora” en el Sector de Urbanizaciones y Residenciales, durante el período 2005-2012. Organización Regional de Cámaras de la Construcción de Centroamérica y el Caribe Premio ORDECCCAC 2013
2018 | Premios ConstruGala 2018: Categoría Mérito a la Trayectoria Destacada
2019 | Premio CEMEX 2019: Primer lugar Categoria: Vivienda en altura. Gran Premio Mercado Construcción 2019: Primer lugar Categoría: Vivienda Residencial
2022 | Premios ConstruGala 2022: Proyecto Inmobiliario en Santo Domingo. Proyecto Segunda Vivienda o Second Home Destacado en Zona de Playa.
2023 | Foro de Inversiones España-República Dominicana. Premio a la Trayectoria Profesional.
2024 | Colegio Dominicano de ingeniero y Arquitecto (CODIA). Reconocimiento a Trayectoria . Fundación Jóvenes en Desarrollo Edwin Dulis. Reconocimiento a la Excelente Empresarial 2024.


Dino Campagna, «Dinín», es un verdadero triunfador en las tres fases de la vida: La familia, la profesión y la amistad. Como amigo, lo conocí hace más de treinta años jugando tenis. ¡Me ganó! Pero, a pesar de esa «triste experiencia» (para mí), su gran sensibilidad y genuino afecto hizo que nuestra amistad floreciera en grande.
Como esposo y padre, ha formado junto a su cariñosa esposa, Alexandra, una familia ejemplar. Como profesional, siempre busca la forma de ofrecer un producto único y superlativo para la satisfacción de sus clientes—que invariablemente lo ha distinguido. Esta característica ha sido su más destacada publicidad: El cliente orgulloso de su inversión. ¡Dinín, se te quiere y admira inmensamente!

Dino y yo compartimos algunos años de estudio en Italia, años que siempre recordaré como una etapa maravillosa de nuestras vidas. No solo aprendimos en lo académico, sino que descubrimos juntos la riqueza de las culturas europeas. Estoy convencida de que esa experiencia marcó un antes y un después en su vida.
Dino siempre fue un hombre disciplinado, ambicioso y con sueños claros. Lleno de determinación, fundó su propia compañía cuando regresó a nuestro país, y se ha dedicado con pasión a desarrollar importantes proyectos inmobiliarios.
Pero más allá de lo profesional, como amigo y hermano Dino es inigualable: solidario, atento y presente, incluso cuando no está físicamente, uno siempre sabe que puede contar con él.

He tenido el placer de conocer al Ing. Campagna Ricart, Dino para sus amigos, desde nuestros tiempos de adolescencia, hace más de cinco décadas. Dino siempre ha sido un caballero y un buen amigo. En 1975 ingresamos juntos a la universidad, donde fue de los pocos que pasó de entrada el examen de matemáticas avanzadas. Se destacó como un excelente estudiante, manteniendo siempre el equilibrio entre ser un buen amigo, un buen alumno y un líder en múltiples proyectos.
El ingeniero Campagna se ha dedicado a construir apartamentos con las mejores terminaciones del mercado, un segmento que ha liderado desde sus inicios.
Me quito el sombrero ante mi amigo y colega: ¡CHAPEAU!