Conversamos con William F. Vega Torres, mejor conocido como “Pichy Vega”, dueño de Tecnogrupo, S.A., empresa dedicada al diseño, administración y construcción de obras. Conocido por muchos del mundo de la construcción y querido por los que le rodean.
¿Cuál considera usted que ha sido la obra más importante en la cual ha participado, la que a través del tiempo entiende dejará huella de su estilo?
Creo que el edificio Tomás Pastoriza, que es el edificio de operaciones del Banco del Progreso situado en la Avenida John F. Kennedy No 3.
Un diseño en el que usted colaboró fue elegido como uno de los mejores edificios en el país, el de Dominicana de Aviación; ¿cómo se siente respecto a eso?
Muy satisfecho. El edificio para albergar las oficinas de Dominicana de Aviación fue adjudicado a la firma Ingenieros Nacionales C. x A. bajo la dirección del Ing. José David Vargas, mediante un concurso, y el diseño arquitectónico fue el resultado de un trabajo de equipo del Arq. Fernando Otenwalder y mío.
¿En qué sectores se ha desarrollado más, comercial, hotelero, industrial, gubernamental o residencial?
He trabajado la mayor parte de mi tiempo como profesional en el diseño y construcción de sucursales bancarias y oficinas alrededor del país, salvo esporádicas incursiones en otras direcciones.
Después de la entrada de mis hijos a la compañía, el mundo de la residencia unifamiliar o multifamiliar, se convirtió en el camino a seguir. Eso estamos haciendo y con mucho entusiasmo.
¿Cómo se siente al ser elegido como representante de nuestro país en ferias internacionales en ocasiones anteriores y en la actualidad?
Ha sido un honor, compartido con el Arq. Pedro José Borrel, que nos dio el privilegio de conocer tres países y un sinnúmero de excelentes profesionales, tanto en esos países, como los del grupo multidisciplinario que colaboró con nosotros.
¿Qué cualidades lo definen como profesional y como persona?
Como profesional, el trabajo en equipo y el respeto a la labor de los demás. Como persona, no sé… Quizás mi descarada sinceridad.
¿Cuál es el estilo que lo identifica y lo define?
Ninguno. No tengo un estilo propio. Más bien trato de hacer la arquitectura más adecuada para el proyecto en cuestión. Si algo quisiera que me definiera como profesional, sería que intento ser lo más racional que puedo.
¿Entiende que el estilo arquitectónico que sigue en la actualidad la ciudad de Santo Domingo va por buen rumbo o cree que debemos cambiar el que hasta ahora hemos seguido?
El problema de la ciudad de Santo Domingo no es de estilo. El rumbo a seguir de una ciudad no puede estar definido por los que la población elige para dirigirlos en un periodo de gobierno, y este problema está agudizado por la ausencia de una crítica con poder de decisión. Este país tiene suficientes profesionales, con la preparación para mejorar el camino.
El desarrollo de esta ciudad debe ser trazado, modificado y vigilado por un equipo que debe tener la misma independencia que la Suprema Corte de Justicia.
¿Cree que ha logrado sus metas como profesional o aún le falta algo por hacer?
No creo. Realmente, me falta mucho por hacer, pero probablemente sea en mi vida personal.
¿Cambiaría algo de su vida profesional?
Si pudiera comenzar de nuevo, me gustaría ser cocinero. ¡Uepa! Perdón… ¡Chef! Mis errores no tuvieran así tanta trascendencia.
Para finalizar, ¿qué significa la familia para usted, y sobre todo que sus hijos hayan seguido el negocio familiar?
Mi familia es todo. En nuestra juventud, mientras trabajábamos, Norah -mi esposa- armaba una familia de la que hoy nos sentimos orgullosos. Hemos tenido la suerte de contar con nuestros hijos para el desarrollo de nuestra firma. Ellos suman todo lo que yo quise ser: Alex es mejor arquitecto que yo, Michael es dueño de un restaurante y Eddy sabe administrar, algo que yo nunca aprendí.
Con la participación de nuestros hijos, nuestra firma superó y amplió sus metas.